ESA HISTORIA JALONADA DE CORAJE

ESA HISTORIA JALONADA DE CORAJE
De hazañas sin par, la gloria eterna de Rosario Central

8 abr. 2013

2012/13 Fecha 28: Repuestos Rivadavia 1 - Rosario CENTRAL 3

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ES PARA EL TRIBUNAL DE DISCIPLINA QUE LO MIRA POR TV
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POR MICHAEL NOTAGAIN
Se llaman Independiente, se apodan La Lepra, son el equipo de Gamboa, Fabbiani, Daniel Vila; qué más querés para armar un rival particularmente detestable para un canalla...
Sin embargo, pasaban los minutos y la tv -no hay forma de que contrabandeemos haber viajado- nos mostraba imágenes patéticas de una cancha que, en los pocos lugares donde no estaba semivacía, estaba semillena de gente que no parecía estar viviendo ninguna tragedia. Es más, con los visitantes prohibidos, el público seguía dividido en dos: mitad gallinas y mitad bosteros.
También, esa animosidad preterintencional que nos correspondía con este rival, se morigeraba con la cómica figura de Fatbiani, con un short tan enorme que podría contener a todas las miserias de la humanidad, y una barriga sobreevidenciada con el escudo redondo y estirado que allí le han estampado, en poca feliz decisión de diseño, los confeccionistas de la casaca azul. 
Y Gamboa, con un traje brishoso, desubicadísimo para el lugar que ocupa su equipo, y un peinado gelificado y wachiturriente, con seguridad recién salido de un coiffeur que se debe llamar Flavio Collection o algo así. Menos ridículo habría quedado con su indumentaria histórica de calzas y vincha fucsia.
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FATBIANI EN LA ÉPOCA EN QUE
SE FUE VOLANDO DE NO BOY
En los cinco continentes los aficionados del fútbol debieron decidir, a la misma hora de un lunes, entre ver el clásico de Manchester o Rivadavia vs Central. Y se notaba, haciendo un zapping, que en ambas canchas había interés -vía smartphones o preguntando a vecinos de platea- por saber cómo iba el otro partido. Incluso, otro cruce de curiosidad mutua: hinchas argentinos comentando la muerte de Margaret Thatcher y medio Manchester debatiendo por las pecheras de La Cámpora.

Aquel que miraba el partido por gustarle el fútbol, a los 5 minutos ya podía cambiar de canal. El momento de placer supremo ya nos lo había entregado el "Pasito" Encina con el movimiento de fina esgrima con que convirtió el penal. Una repetición perfeccionada del que ejecutara aquí en el Gigante hace pocas fechas con un rival que uds recordarán mejor que quien les habla.
Luego Central pudo concretar la jugada que desarma hasta el más sólido fuselaje moral de un equipo: un gol de Toledo. Los autorreproches y las internas que sobrevienen a semejante residuo de la realidad son casi lapidarios. ("¡Hasta Toledo nos hace un gol, estamos tocando fondo!!" es la acusación más liviana que se cruzan).
El gol puede describirse como un gol de partido homenaje: los defensores rivales se iban apartando, dejando solos y cercanos a Encina y Toledo, como facilitando que el pobre homenajeado hiciera el gol; o como en los partidos en que hacían jugar a Menem. El Sapito puso un centro delicadísimo con el estribor de sus finos botines blancos marca Guante en la cabeza de Toledo, escenificando a un padre que en un parque le alcanza  la pelota con las manos a su hijo para que de una vez por todas pueda cabecear con algo de dirección.

En el segundo tiempo no estuvimos lejos de que nos empataran. Solo la suerte y la insuficiente jerarquía del rival.
Pero pasaron esos minutos desfavorables -de los que hasta el Barcelona tiene- y Central retomó y multiplicó el dominio y las llegadas. Sin llegar a preocuparnos, una combinación de boludeos y pelotudeo nos iba dejando de a poco sin el tercer gol.
En sus sofás o en los bares, unánimemente el hincha de Central pedía que ingrese Bareiro. No tanto porque Toledo hubiese estado jugando esperablemente mal, sino por la fantasía de que el paraguayo te entra en un partido así y te saca de quicio a medio equipo rival. Y nos interesaba que en particular ocurriera con FatBiani.
PODRÍA HABER SIDO EL 3ER GOL PERO
A TOLEDO LE COSTÓ ACOMODARSE
Pero no, este Bareiro de hoy -al pelo le había pasado la planchita y usó con más rigor la tintura- fue nuevamente el jugador de buena formación técnica que ayuda a fructificar avances del equipo. 
El gol que hizo -se aceptan disensos, pero bien argumentados-, Toledo no lo hacía. Nos lo había dejado claro, Toledo, en la jugada aquella -poco antes de salir- en que se hizo un verdadero nudo intentando no se sabe si cabecear o patear en el área chica rival.

El Chucky Medina, gestor del penal al principio, debe quedar registrado en este partido como en casi todos: por su bravura incansable y su picardía de menesteroso. En tres ocasiones lo derribaron de atrás y se lo vio caer todo arqueado y con los ojos cerradísimos de dolor, como los soldados antiguos apuñalados por la espalda con una bayoneta. Es nuestro soldado conocido, nuestro colimba chaqueño que se le planta a los más grandes en tierras hostiles. También hoy, el día que murió La Tacher.
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